Archivo | F.EXTRAÑOS:CLÍNICA DEL DR.GUIJA RSS feed for this section

F.EXTRAÑOS:CLÍNICA DEL DR.GUIJA

6 Oct

Muchas son las leyendas que rondan en torno a la antigua clínica del doctor Guija, también llamada “mansión de los horrores” y otras lindezas por el estilo, que se levanta en la Avenida de la Cruz del Campo, número 36, de Sevilla.

Este edificio de 1919 acogió en un primer momento al Organismo de Investigaciones Agrarias

hasta que el 9 de febrero de 1957 se inaugura la famosa clínica bajo los auspicios de don Eduardo Guija, afamado psiquiatra en su época. Tras su muerte en 1966 la clínica pasó a manos de su hijo que la gestiona hasta su cierre en 1974, dejando el edificio abandonado. Después de un breve periodo de uso la edificación se convirtió en lugar propicio para que grupos de jóvenes entrasen como prueba de valentía y refugio de vagabundos y drogadictos que encontraban en ella un espacio reservado y protegido a la vez.

La clínica del Dr. Guija, estuvo por mucho tiempo abandonada, casi derruida, era un edificio emblemático en Sevilla pero sus condiciones actuales dejaban mucho que desear y se daba más a relacionarlo con el terror que con la finalidad y práctica laboral que se llevó a cabo en su interior…el tiempo hizo el resto… y su apariencia. Construida en el año 1919 por colaboradores del afamado y reconocido arquitecto Aníbal González el edificio destacaba por sus azulejos y líneas clásicas, destinada inicialmente al Organismo de Investigaciones Agrarias encontrándose en el pleno 42 de la cita avenida sevillana.

Fue en el año 1956 cuando el Dr. Eduardo Guija adquiere el inmueble y comienza a funcionar un 9 de Febrero de 1957 como institución psiquiátrica hasta 1966, fecha en la que fallece tomando la dirección de la misma su hijo hasta el cierre de la misma en 1974.
El mal estado de la vivienda y el secretismo que rodeaba a la clínica mientras estuvo en funcionamiento fue abono para que la imaginación de la gente floreciera rápidamente. Se aseguraba que de aquella casa abandonada salían voces y gemidos y que en la zona más alta se veía pasar la silueta de una figura luminosa, alma en pena después de haber sufrido los terribles experimentos que aquel “científico loco” realizaba con los enfermos,
a pesar de que la escalera de acceso hacia esa planta no existía. Los muertos por aquellas prácticas ilegales que no eran reclamados por sus familiares serían enterrados en los inmensos jardines que tenía, hoy ocupado por un bloque de pisos moderno, o lapidados en habitaciones secretas existentes en el sótano
Tiempo después, en la década de los 80 se abre el edificio como negocio dedicado a la restauración como “Parrilla Argentina” . El restaurante cerró tiempo después y el edificio ,sobre el cual pesaba ya la fama de maldito para sus inquilinos, moradores o compradores, paso a ser adquirido por una inmobiliaria quien posteriormente lo vendió al Ayuntamiento de Sevilla y a partir de ahí y durante esas fechas el abandono y mala presencia fue el principal inquilino de sus habitaciones
Mucha era la leyenda negra de aquel lugar…sombrío y siempre en la penumbra del lugar, de aquel recodo de la calle. Como se ha comentado, durante mucho tiempo el edificio fue propiedad del Dr. Guija, reputado médico psiquiatra sevillano que trataba directamente enfermedades mentales y relacionados en esta su clínica en Sevilla. Dada la confidencialidad y el secretismo que rodeaba al médico y a sus pacientes se creyó ,por parte de algunos sevillanos de a pié, que en su interior se realizaban terroríficos y terribles actos contra el ser humano…era la psicología humana que tendía a ver lo que no había e imaginar terapias de electroshock entre alaridos y mortificaciones…
La casa se abandonó y poco a poco el tiempo se fue adueñando de ella, muchos eran los jóvenes que dada la actividad que había desarrollado la misma se decían:” vamos a hacer oui-ja en el manicomio del Dr. Guija” y allá iban buscando la nocturnidad y tenebrosidad de sus paredes y entornos para jugar y buscar lo prohibido…lo oculto. Muchos fueron los que se dejaron llevar por el encanto y el romanticismo de su historia así como por lo misterioso y afirmaron haber sentido presencias, visto sombras e incluso afirmar que aquella casa, otrora majestuosa, estaba maldita… así ,poco a poco, el lugar se fue cargando de una leyenda negra en Sevilla que la tildaban de casa maldita y encantada… Gritos, lamentos, gemidos,…era un sin fin de comentarios y rumores que corrían por Sevilla , y que realmente nadie había vivido en primera persona, que junto con el edificio del Cine Fantasio en Sevilla captaban la atención paranormal en pleno finales de los 90.
Fue el investigador malagueño José Manuel Frías quién desempolvo esta leyenda urbana y se hizo eco de las historias que corrían en torno a ella. En esa época todos relacionaban el apellido del psiquiatra al “juego” de la oui-ja y no hacía más que acentuar su leyenda que poco a poco iba añadiendo componentes y tintes que cargaban de más dramatismo la misma. Se decía que en sus bellos jardines estaban enterrado pacientes que clamaban justicia desde el más allá, el decir popular tildaba cada vez más de maldiciones el lugar…Incluso en su interior se decía que se habían cometido todo tipo de actos contra el ser humano, siendo ocultados o quemados en la propia casa… historias sin fundamentos que engordaban poco a poco y más toda esta leyenda urbana formada a partir de 1974.
Los trabajadores que acudían al lugar a desempeñar algún trabajo de jardinería, fumigación o estabilización del edificio lo hacían con miedo por las historias que circulaban en torno a la misma y no eran pocos los que salían del inmueble convencidos de haber vivido alguna experiencia paranormal…la sugestión humana actuaba cuando se oía hablar del edificio maldito del Dr. Guija…
Atraídos por la fama del lugar se realizaron filmaciones cinematográficas de distinto metraje en su interior ,tales como los denominados -con los desafortunados títulos- “Las perras de Satán” o “Invasión Travesti” e incluso asimilaron el apellido del Dr. Guija para uno de sus personajes… El director de uno de estos films, Jerónimo de los Santos, narraba su experiencia en su interior e incluso su tendencia a dejarse llevar por esta embriagadora historia: “el lugar es extraño y terrorífico, dentro de él se ha dicho que había fantasmas y se ha tildado de terrible la figura del Dr. Guija”…A ello hemos de sumarle la gran cantidad de personas que han entrado en sus interior atraídos por el misterio, indigentes buscando refugio y otras actividades menos saludables que hicieron al edificio ganarse la denominación de maldito e inseguro… Durante muchos años todos estos comentarios habían y han alimentado esa leyenda.
Han transcurrido más de un lustro y la casa del Dr. Guija muestra un aspecto bien diferente…Hoy las obras de remodelación del edificio han casi terminado, la constructora Bellido ha realizado la rehabilitación del mismo con notable acierto y respetando toda sus estructura y entorno, el Departamento de Urbanismo del Ayuntamiento de Sevilla (GMU) decidió acometer las obras en la misma y utilizarlo como lugar de cultura y encuentro social de la zona, tan necesario y útil. Durante las obras de rehabilitación del mismo no se produjo ni se ha producido ningún acontecimiento extraño o paranormal, no se han encontrado restos humanos ni indicios de ellos, ni cámaras ocultas con oscuros propósitos ni falsas paredes… Los vigilantes de seguridad no muestran temor ni síntomas de haber vivido nada paranormal pese a conocer la leyenda del lugar :”aquí no pasa nada” nos comentaba lacónicamente uno de ellos al consultarle, los obreros que han trabajado en el mismo ríen y dicen “aquí no hemos notaba nada raro pese a que conocíamos esa historia” y de esta forma el edificio ha quedado rehabilitado y casi con el mismo esplendor que tuvo antaño… atrás quedan las historias y leyendas que circularon sobre él, los muchos testigos dejados seducir por sus misterios y el miedo que su sombría apariencia grabó en el subconsciente sevillano hasta hacer de él t

oda una leyenda urbana que hoy, en pleno siglo XXI ,termina.

Tuve la suerte de poder hablar con vecinos del lugar, con un antiguo alumno de aquel médico, profesor en la universidad, y con algunos de los albañiles (Construcciones Bellido) que se encontraban dando los últimos retoques antes de entregar definitivamente la obra al Ayuntamiento de Sevilla, propietario del inmueble (2005). Esto es, en resumen, lo que me dijeron.
El doctor Eduardo Guija era profesor en la Universidad de Medicina de Sevilla en las ramas de Medicina Legal y Psiquiatría que seguía las doctrinas de la Escuela Alemana (freudiano).

No era uno de los profesores más exigentes por lo que los alumnos lo tenían bien considerado y ninguno hablaba mal de él ni circulaban rumores de ningún tipo. Tenía la teoría de que el histerismo lo sufrían las personas de mentes influenciables y demostró con un experimento real su teoría. Tomó a una paciente y en medio de la clase la hizo acostarse en un colchón en el suelo. Comienza el doctor Guija a decir en voz alta a los estudiantes que observaran cómo se empezaba a mover la mano derecha de aquella paciente, lo repetía una y otra vez hasta que la mano de la paciente se movía de verdad. Siguiendo este método provocó un auténtico acceso de histeria. Y de la misma manera que lo provocó hizo que desapareciera.
Según los albañiles, la edificación había sido restaurada en su totalidad habiendo quedado intactas simplemente las paredes exteriores, pues era lo único que estaba protegido como construcción interesante. Ninguna habitación secreta había salido durante aquel “vaciado” interior, ni ningún cuerpo, siendo por tanto descartado el emparedamiento de cadáveres. Igualmente me aseguraron que ningún otro compañero de obra había advertido presencias o circunstancias anómalas de cualquier tipo pues “de ese tipo de cosas” se habrían enterado rápido, ni sabían de ninguna leyenda que girase en torno a la casa, salvo que el antiguo propietario se ahorcó (?) frente a la ventana que está sobre la puerta de entrada.
A pesar de no existir escalera por la que acceder a las plantas superiores eso no era inconveniente para que con la ayuda de otra persona pudiera subirse, como los albañiles lo habían hecho antes de iniciar la demolición de la parte superior. Podría ser así explicada la visión que pudieran haber tenido algunos vecinos al respecto de siluetas luminosas que atravesaban los huecos de las ventanas; lógico es pensar que esos grupos de jóvenes que entraban fueran acompañados de linternas cuyos focos reflejarían en las paredes y serían vistos por esos vecinos.
Respecto a voces y gemidos, si tenemos en cuenta que había un trasiego constante de drogadictos, vagabundos y chicos que entraban como actos de valor, también estaría explicado ¿quién no ha gritado alguna vez en ciertas circunstancias para asustar a algún amigo más apocado?
El secretismo que rodeaba a la clínica es comprensible. Habríamos de situarnos en la fecha de su apertura para intentar comprender que la existencia de algún familiar cercano con alguna enfermedad mental estaba considerada poco menos que una circunstancia casi deshonrosa. Al tratarse de una clínica privada sólo tendrían acceso a ella familias pudientes que intentarían evitar a toda costa hacer pública su “desgracia” recluyendo a su familiar en un sitio discreto pero donde estuviera a la vez bien tratado y cuidado. No tiene tampoco sentido que al morir alguno en aquella clínica no reclamaran su cuerpo; nadie paga dinero para recluir y olvidarse de alguien cuando existía una institución pública y gratuita que cumplía esas mismas funciones. Pero si así fuera las autoridades habrían ordenado su enterramiento en el cementerio o se habría donado el cuerpo para la universidad, dado que el propio doctor Guija era profesor de la misma. La normativa con respecto a los muertos era bastante severa y el doctor Guija era un médico bastante conocido para arriesgar su prestigio con actuaciones de ese tipo.
¿De dónde viene pues la leyenda? ¿Es que acaso podría existir algún viso de realidad en ella? Pues sí. Por lo que he podido comprobar a lo largo de mi vida todas las leyendas, incluso las urbanas, están basadas en otra historia similar tergiversada de acontecimientos reales o ficticios (¿Alguien voló sobre el nido del cuco?). Sólo hay que tener un poco de suerte para dar con ella. Habríamos de remontarnos otra vez a los inicios de la clínica para buscarlos e intentar comprender qué tipo de enfermos serían los que estarían recluidos ¿Podrían tratarse de simples enfermos afectados por una leve depresión? Obviamente no. Los enfermos que entrasen en ella serían los más graves o violentos, aquellos que ya era imposible que fueran controlados por sus familiares.
En la década en la que se inauguraron las instalaciones uno de los tratamientos que se daban a los enfermos (esquizofrenia grave, depresión con ideas suicidas o enfermos en estado de agitación en una depresión bipolar), era el de buscar que sufrieran convulsiones periódicas que suponían una mejoría. Esto se conseguía por diferentes métodos, bien con el uso de medicamentos (por ejemplo, el Cardiazol), por hipoglucemia (inyectando insulina), afectando al paciente con malaria o el electroshock. Nos olvidaremos de la lobotomía y la dejaremos para los casos extremos de agresividad. Cualquiera de esos métodos podía causar la muerte si no se tomaban las debidas precauciones. El efecto de ese estado convulsivo es el “aumento de la permeabilidad de todos los neurorreceptores cerebrales. Los neurotransmisores también funcionan mejor” y con ello se produce una mejoría real.
En la actualidad, si se llega a usar este método, los enfermos son anestesiados pero en la década de los 50-60 no. Imagínense siendo cogidos por dos forzudos hombres y arrastrados hacia una habitación donde sabes qué te espera: fuertes y dolorosas descargas eléctricas que harán que hasta te orines encima. Eso tres veces a la semana durante un mes. Gritarías como un auténtico poseso ante la simple presencia de los enfermeros, te golpearías contra la pared buscando hundirla y huir o te encogerías en cualquier rincón de tu habitación en un inútil intento de protección. Y tus gritos eran escuchados desde la calle… ¿Qué pensaría el vecino que los oyera?
Para mí éste es el auténtico origen de la leyenda negra de aquel edificio: la combinación de un estado prolongado de abandono, el recuerdo de la visión de enfermos mentales profundos paseando por sus jardines y la memoria de los gritos que salían de dentro, todo ello sazonado con una buena dosis de imaginación.
La sugestión puede a veces jugar muy malas pasadas y mientras no haya algo más consistente que un “me pareció ver…” o un “creí escuchar…” las historias que se cuentan sobre esta clínica abandonada no son más que pura fantasía.
en fase de restauración
Anuncios