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LEYENDA DE DOÑA MARÍA CORONEL

7 Oct

MARÍA CORONEL, «LA DAMA DEL TIZÓN»Y PEDRO EL CRUEL
Historia y leyenda se confunden alrededor de la enigmática figura de María Coronel, tan discutida. Se dice que era una mujer noble, inteligente, bondadosa, de una gran moral y de ilustre familia sevillana.
Hasta primeros de 1352 las relaciones entre ambas familias, es decir, entre Pedro I el Cruel, el Justiciero, el Pero Gyl y Fernández Coronel eran muy cordiales. ¿Por qué estos tres apodos o motes a Pedro 1? Los motes no le fueron dados sin razón: Juan II de Castilla ordenó fuese apodado «El Justiciero», entendió, con razón o sin ella, que cuanto hizo era con justicia; la muerte de muchos nobles adversarios, a manos del propio rey los prueba sobradamente lo de «Cruel»; el más curioso se lo puso su hermanastro Enrique II de Trastámara que al apodarlo «Pero Gil» era porque no era hijo de Alfonso X sino de una judía que así se apellidaba.


La muerte por Enrique II, pone fin a un colofón trágico de una vida, en la que no faltaron amores, entre ellas su amor imposible de María Coronel la «dama del tizón». Se cuenta en leyendas de aquella época, «era de familia muy rica, de fermosura extraordinaria».
Había leído mucho sobre la «dama del tizón» y en una de mis excursiones a Sevilla visité el convento de Santa Inés (día 2 de diciembre) para ver el cuerpo incorrupto de María Coronel.
Impresionado, extasiado quedé. Metafísicamente hablando, la momia expedía un don sobrenatural, indefinido era su rostro en donde se apreciaban las huellas del «aceite hirviendo», mereció la pena observarla.
Hoy, mucho tiempo después, tranquilo en casa, como un homenaje a esta inquilina aguilarense del siglo XIV, busco hilvanar retazos de historia que siempre eran un pálido

recuerdo o reflejo de lo que vamos a relatar de esta honrada dama. DOÑA MARÍA CORONEL

María tuvo una desgraciada vida por el acoso sexual del rey que enloquecía por llevársela a la Torre del Oro y establecer, como lo hizo con muchas favoritas, relaciones deshonestas.
María Coronel nace el año 1334 el mis­mo año que Pedro I de Castilla. La casaron a los 15 años de edad sin haber sido ella la que eligiese marido; era una época en que la mujer no se casaba, la casaban sus padres que eran los que le elegían el futuro esposo, o los reyes si era de noble linaje.
En esta boda intervino directamente el rey Alfonso XI cuando estaba en el cerco de Algeciras junto al padre de María. Lo dice María Coronel en una larga carta de donación de bienes para la construcción del convento de Santa Inés.
Contrajo matrimonio con don Juan de la Cerda, primo segundo suyo. Al no estar legitimado el matrimonio por el papa de turno, era de nulo derecho por parentesco de sangre. Poco tiempo después D. Juan de la Cerda y María Coronel reciben la dispensa matrimonial y hay una nueva boda el día 13 de septiembre de 1350. El casamiento se celebra en una casona de Alfonso Fernández Coronel, un viejo palacete moro que estaba junto a la Iglesia de San Pedro.
En esta boda conoció el rey Pedro I a María Coronel, desde ese día la deseó ciegamente, era un deseo desordenado que junto con la enfermedad que había padecido el rey estuvo tocado toda su vida. El destino la enfrentó con un Pedro I de Castilla depravado y un desequilibrado don Juan.
El rey, fascinado, desde el mismo día que la conoció, por su belleza, empezó a cortejarla desairadamente, a pesar de haber sido él quien había ordenado que cortaran la cabeza primeramente a su padre, más tarde a su marido, por haberse revelado en su contra para apoyar a su hermanastro Enrique II. No tiene bastante con cuanto había herido a María Coronel que todas las posesiones del padre, hermano, marido, etc., habían sido confiscadas, sus casas y fincas derribadas y sus solares cubiertos con sal gorda para que no creciese ni la hierba.
Por las múltiples agresiones vernales de este don Juan, doña María Coronel y su hermana Aldonza tuvieron que refugiarse, para guardar su viudez, tras los muros y rejas del convento de las franciscanas y llorar su soledad y poder huir del acoso al que estaba sometida por Pedro I el Justiciero. La pobre María, ya viuda, no sabía entonces que ni rejas, ni muro, ni convento de clausura sería obstáculo para el empecinado rey.

El poderío, el orgullo y el honor del todopoderoso Pedro I el Cruel fue destrozado, pisoteado y demolido por la fortaleza, el heroísmo y el sublime honor de la dama del «aceite hirviendo» o de la «dama del tizón», o mejor, por la «dama de hierro» sevillana – aguilarense.
María Coronel, según cuenta la leyenda, solamente se entregó a los amores de su esposo y después en su viudez, a los del Todopoderoso. ¿Por qué es conocida como la «dama del tizón»?
María Coronel llevaba en su sangre el heroísmo y honradez de la mujer aguilarense. En la historia de Aguilar, la remota Ipagro y posterior Buley, hallamos un sinfín de historias y leyendas de mujeres ilustres, heroicas, etc., que por sus hechos son conocidas, será bien hacer reseñas de estas mujeres aguilarenses, muchas permanecen en el anonimato todavía. Aguilar puede ufanarse de haber sido residencia de María Coronel. En el año 1350 llega a nuestro pueblo el linaje de los Coronel al tomar posesión de la Villa Fernández Coronel, padre de María. Por su genealogía se sabe que los Coronel pertenecían a un ilustre linaje de Castilla, descendientes de los emperadores romanos (García Caraffa, Enciclopedia heráldica y genealógica, Madrid, 1819). El padre de María Coronel desciende del linaje de Gonzalo Ibáñez Dovina, primer señor de Aguilar, noble portugués que ayudó a Alfonso X el Sabio.
La familia Coronel temiéndole a Pedro I de Castilla se fortifica en Aguilar. Envidias, odios y ambiciones personales de la nobleza se unen a las lujurias de Pedro I, deseoso de poseer los favores de las dos hermanas Coronel: Aldonza y María. A Aldonza la hace suya con mucha facilidad que tuvieron un triste y fugaz romance; a María, jamás la pudo poseer.
Pedro I instigado por Alburquerque o deseoso de ver a María viene a Aguilar en 1352 y solicita permiso para pernoctar en el castillo. Fernández Coronel no se fía de las intenciones del rey y no le autoriza entran Cabreado el rey pone cerco al castillo y el día 2 de febrero de 1353 conquista la fortaleza y Fernández Coronel es apresado y decapitado en las mismas puertas. La ejecución es presenciada por sus cuatro hijos. Terminada la ejecución es recogido el cuerpo, velado por sus hijos y preparado un cortejo fúnebre para llevarlo a Guadalajara y ser sepultado en el panteón familiar junto a los restos de su mujer. Espías del rey estaban atentos a cuanto ocurría respecto a los familiares. Hasta en esos días tristes, cuenta la leyenda, el rey tuvo la osadía de cortejar a la afligida María.
Sepultado Coronel en Guadalajara, los cuatro hermanos huérfanos regresan a Aguilar. Una leyenda que hace referencia al «tizonazo» de María, la cuenta Franco y Arezo (Museo Genealógico-Memorias de Aguilar, 1849) dice que… durante esta segunda estancia en el castillo, María Coronel temiéndose lo peor, o el regreso del rey (estaba en Córdoba) encendió una fogata e hizo uso del «tizón».
Pero la leyenda, ya María estaba en Sevilla, cuenta que no encontrando manera de huir de los requerimien­tos y amenazas del rey, María resolvió a la desesperanza, más deseando perder la vida por las posibles infecciones que dejarse vencer por deshonestos deseos ajenos a ella, María muy fatigada por su lucha interior… la apagó con un palo incandescente que ella misma se introdujo con enojo por donde podía ser molestada por el rey (Juan de Mariana, Historia General de España, m845). Por la leyenda del «tizonazo» en Aguilar o Sevilla, la historia conoce a María Coronel como la «dama del tizón».
CONVENTO DE SANTA INÉS El vía crucis de la «dama del tizón».
(DETALLE DEL ORGANO DE SANTA INÉS REFORMADO,EL ANTÍGUO ERA EL DE MAESE PÉREZ EL ORGANISTA)
El rey bajo severas amenazas, pide a María le en­tregue su más preciado órgano para su deleite sexual. Asustada se refugia en casa de su padre. Espías del rey se lo dicen y éste ávido de perversos deseos decide asaltar la casa y secuestrarla; ella, siempre de centinela ve la llegada del rey y huye disfrazada al más próximo con­vento, era el de Santa Clara, pidiendo amparo, protec­ción y refugio. Las monjas que intuían que muy pronto llegaría el loco, el depravado rey. María Coronel tuvo que refugiarse tras las rejas para librarse de Pedro I y llorar su soledad. Jamás pudo pensar que ni los muros del convento serían respetados por el rey. Rápidamente las monjas la conducen al jardín, la ocultan en una zanja, la cubren con ma­deras y encima tierra; era muy de noche cuando llega el rey con sus alguaciles. Registra todo el edificio y al no encontrarla se marcha.
Al día siguiente vuelve y repite lo mismo pero con serias amenazas a las monjas y enojado se va. Toda Sevilla contaba las odiseas del rey.
Un buen día, comido de rabia, invadido por el deseo carnal y cargado de ira, Pedro I se presentó inesperadamente atropellando a cuantas monjas encontraba, antes de que María tuviese tiempo de esconderse, asustada y con temor es perseguida por los pasillos hasta llegar a la cocina, se para y le hace frente y le explica cuanto había hecho con su órgano femenino. Pedro I es estado burriel no la cree e intenta apresarla, un impulso hacia atrás y María cogiendo una sartén con aceite hirviendo se la arrojó sobre su rostro. Sacrificio que no resultó en vano, asustado y preocupado el rey comprendió lo mal que se había portado y con lágrimas en sus ojos se marchó para no volver a molestarla jamás.
Enterada la reina del heroísmo de María Coronel y asombrada por ese gesto de santidad, la mandó llamar. Cuando entró María, la reina visiblemente afectada se puso de pie, se quitó la corona de su cabeza y la colocó en la cabeza de María y le dijo: «Vos María merecéis corona y debéis llamaros coronada». Un abrazo entre ambas selló una eterna amistad.
Se cuenta que arrepentido el rey, ordenó le devolviesen la casa que había sido de su marido para que María Coronel en ese solar fundase el convento que le puso de Santa Inés. Se encerró, trabajó, murió y dentro fue sepultada. Después de más de 600 años al efectuar obras de reparación se encontró el ataúd y dentro el cuerpo incorrupto de María Coronel. Había muerto el día 2 de diciembre de 1411, con 77 de edad.
CUERPO INCORRUPTO DE DOÑA MARÍA CORONEL EN EL CONVENTO DE SANTA INÉS No había podido elegir otro título más excelso para el convento que el de Santa Inés. Y ¡No pudo la «dama del tizón» o del «aceite hirviendo» llevar mejor modelo de santidad, ni mejor patrona para su convento!. Santa Inés patrona de las jóvenes doncellas y de los jardineros. Lo mismo acertó en su modo de santidad.
Su momia se venera cada día 2 de diciembre, en el mismo convento, con gran fervor popular. La dama del «tizón” murió, el reloj de su amarga historia se detuvo a los 77 años. En ese momento comenzó el tic-tac sin ruido, sin carreras, sin sobresaltos… Aquí terminó un drama humano que comenzó en el castillo de Aguilar en 1353. Cuenta la leyenda que las dos hermanas fueron tildadas de «flores”. Aldonza, «flor de la tierra»; María, «flor del cielo». Por lo que Aldonza está más cerca de nosotros; María, más cerca de Dios.
Bibliografía consultada
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