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LEYENDAS : EL CRISTO DE LA VEGA-TOLEDO

27 Nov

Leyendas de Toledo

A BUEN JUEZ MEJOR TESTIGO :El Cristo de la Vega

Había en Toledo dos amantes: Diego Martínez e Inés de Vargas.Estos dos se amaban locamente,

pero un día llegó una mala noticia para los dos,Diego tenía que partir hacia Flandes y

esto sembró el miedo y el terror ante los dos, ya que este viaje les separaría y solo Dios

sabe por cuanto tiempo. Llegó la hora de la despedida y esta se produjo en la capilla del

Cristo de la Vega en la cual los dos se juraron amor eterno y Diego tocando los pies de

Cristo prometió desposarla en cuanto regresara.

Mientras Inés se marchitaba de tanto llorar, ahogándose en su desesperanza y desconsuelo,

desesperado sin acabar de esperar, aguardando en vano la vuelta del galán. Todos los días

rezaba ante el Cristo testigo de su juramento, pidiendo la vuelta la Diego, pues en nadie

mas encontraba apoyo y consuelo.

Dos años pasaron y las guerras de Flandes acabaron,más Diego no regresaba,pero Inés nunca

desesperó y todos los días acudía al miradero en espera de ver aparecer a su amado. Un día

vió aparecer un tropel de hombres a lo lejos que se acercaban a la muralla de la ciudad,

encaminándose a la plaza del Cambrón, esta fue corriendo hacia allí a ver quienes eran

como había hecho muchas otras veces, cuando allí llegó el corazón le palpitó con fuerza,

al frente del pelotón de hombre en cabeza iba Diego. ¡Por fin! Tanto tiempo esperando dio

fruto, Inés dando gritos de alegría agradecía al cielo el haberle traído sano y salvo, pero

Diego al verla le hizo caso omiso como si no la conociera y dando espuelas al caballo se

adentró en las callejuelas de Toledo.

¿Qué había hecho cambiar a Diego Martínez? Posiblemente fuera su encubramiento, pues de

simple soldado fue ascendido a capitán y a su vuelta el rey le nombró caballero y lo tomó

a su servicio. El orgullo le había trasformado y le había hecho olvidar su juramento de

amor; negando en todas partes que él prometiera casamiento a esa mujer.

Inés no cesaba de acudir ante Diego, unas veces con ruegos, otras con amenazas y muchas

mas con llanto; pero el corazón del joven capitán de lanceros era una dura piedra y

continuamente le rechazaba.

En su desesperación solo vió un camino para salir de la dura situación en que se encontraba,

ya que en todas partes de la ciudad murmuraban sobre el caso de Diego e Inés, y fue acudir

al gobernador de Toledo que en esta caso era Don Pedro Ruiz de Alarcón y le pidió justicia.

Don Pedro hizo acudir ante él en el tribunal a Don Diego Martínez y a Inés y primero

escuchó a uno contar lo acontecido para mas tarde escuchar a Diego negar haber jurado

casamiento a Inés. Ella porfiaba y él negaba. No había testigos y nada podía hacer el

gobernador. Era la palabra de uno contra la del otro.

En el momento en el que Diego iba a marcharse con gesto altanero, después de que don Pedro

le diera permiso para ello, Inés pidió que lo detuvieran, pues recordaba tener un testigo.

Cuando la joven dijo quien era ese testigo todos se quedaron paralizados por el asombro,

tras un silencio aterrador y una breve consulta de don Pedro con los jueces que le

acompañaban decidieron ir al Cristo de la Vega a tomarle declaración.

Todos se acercaron a la ermita, un tropel de gente acompañaba el cortejo, pues la noticia

del suceso se había extendido como la pólvora. Entraron todos en el claustro, encendieron

ante el Cristo cuatro cirios y se postraron de hinojos a rezar en voz baja. a continuación

un notario se adelantó hacia la imagen y teniendo a los jóvenes uno a cada lado y después

de leer la acusación en voz alta, demandó a Jesucristo como testigo:

-¿Juráis ser cierto que un día, a vuestras divinas plantas, juró a Inés Diego Martínez por

su mujer desposarla?

Tras unos momentos de expectación y tensión el Cristo bajo su mano derecha, desclavándola

del madero y poniéndola sobre los autos abrió los labios y exclamo:

– Sí Juro.

Ante este hecho los ambos jóvenes renunciaron a las vanidades de este mundo y entraron en

sendos conventos.

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