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-LEYENDAS SOBRE EL REY DON PEDRO

27 Nov

Cabeza Rey don Pedro

En la calle Candilejo,en la esquina más ancha de esta calle,a la altura de los balcones

del primer piso, se puede apreciar la estatua de medio cuerpo de un caballero medieval,

coronado y con manto real sobre sus hombros. Lleva el pelo corto alrededor del cuello y

cercenado en la frente, como debía ser la costumbre en esa época. Con su diestra empuña el

cetro, que apoya en el hombro, y descansa la otra mano sobre su espada al cinto. Se trata

de la figura del rey don Pedro I de Castilla que,aunque nacido en Burgos,amaba Sevilla

muchísimo.

Esta historia, mitad leyenda mitad realidad, ocurrió en Sevilla y tuvo al rey como

protagonista.

Algunos historiadores mantienen que fue por un lío de faldas por lo que Pedro I salió una

noche a recorrer las calles de Sevilla. Otros defienden que fue a consecuencia de una

conversación con Domingo Cerón, el alcalde del rey, que afirmó que en la ciudad no se

cometía un delito sin tener su castigo, y el rey quiso comprobarlo por sí mismo. Lo cierto

es que iba solo y embozado en su capa cuando se topó con uno de los Guzmanes,el hijo del

conde de Niebla, que apoyaba las aspiraciones al trono del hermano bastardo del rey.

La ira se desató y las espadas chocaron en el silencio de la noche.El ruido despertó a una anciana

vecina (que resultó ser su vieja aya….)que, movida por la curiosidad, se asomó a la

ventana alumbrándose con su candil a tiempo de ver cómo uno de los contendientes,cuyo

aspecto recordaba al mismo rey, atravesaba el pecho a su oponente.La anciana, alarmada,

volvió a cerrar la ventana pero, con tan mala fortuna, que se le cayó el candil a la calle.

Apoyada sobre la ventana, intentando imaginar lo que pasaría cuando encontrasen su candil

junto al cadáver, pudo oír claramente un crujido, como de nueces al chocar, alejándose del

lugar (este ruido,provenía de las canillas del rey,las cuales le sonaban bastante…).A la

mañana siguiente, en la Sala de Justicia, los Guzmanes se presentaron para exigir que se

buscase al culpable de la muerte de uno de los suyos. El rey prometió hacer lo posible por

encontrarlo y concluyó: “Cuando se halle al culpable, haré poner su cabeza en el lugar de

la muerte.”. Al cabo de unos días, se trajo a juicio a una anciana que había sido testigo

del duelo. La anciana, a pesar de admitir que había visto lo sucedido,se negaba a contar

lo que sabía. Ni las preguntas inquisitivas de Domingo Cerón, ni las amenazas de los

alguaciles, le hacían decir palabra alguna. El rey, finalmente, se dirigió a ella: “Dinos

a quién vistes en el duelo y no te ocurrirá nada “.La anciana, cogió un espejo y

colocándolo frente al monarca,exclamó : ” Aquí tenéis la cabeza del asesino “.

El rey, cumplió su promesa ordenando llevar oculta en una caja de madera la cabeza del culpable

que fué colocada tras una reja en la hornacina . Tras su muerte la caja se abrió y para

sorpresa de todos apareció el busto del pendenciero monarca en el lugar del suceso, donde

hoy día aún se puede contemplar. Ese no es el original busto,ya que el original era sólo

una cabeza y está en el Palacio de Medinaceli,vulgo Casa de Pilatos

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Leyenda de las naranjas D.Pedro

Jardines del Alcazar

Con ocasión del nombramiento del primer escribano mayor del Cabildo de Sevilla, el Rey D.

Pedro llevó a los pretendientes a los jardines de Maria de Padilla en el Alcázar y les

pidió que le dijeran cuantas naranjas flotaban en un estanque de los jardines.

Todos las cuentan y repiten la misma cantidad.

Todos excepto uno, de los Pineda de Sevilla que las sacó del estanque una a una y las

contó. Las mismas que todos habían dicho.

Preguntole el Rey el porqué de este hecho y éste contestó:

– Porque podían ser medias naranjas. Y cortando una por la mitad la arrojó al estanque y

al flotar boca abajo parecía entera.

– No podía dar fe sin comprobar realmente si eran enteras o medias naranjas.

Desde entonces y por muchos años, los Pineda ostentaron el oficio de Escribano mayor del

Cabildo de Sevilla.

Juan de Pineda era su nombre.

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